PAMPLONA, 29 Jul. (EUROPA PRESS) -

La pobreza no solo vacía la nevera, sino que también deteriora la salud. Esa es la principal conclusión del primer estudio realizado en España que analiza de forma específica la calidad de vida relacionada con la salud de las personas usuarias de bancos de alimentos. La investigación, impulsada por la Fundación Banco de Alimentos de Navarra (BAN) junto a la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y publicada en la revista científica internacional Healthcare, evidencia una profunda brecha entre la salud de quienes reciben ayuda alimentaria y la del conjunto de la población.

Los resultados muestran que las personas atendidas por el Banco de Alimentos presentan peores indicadores en todas las dimensiones analizadas, especialmente en salud mental y dolor físico. El 62,9% de los usuarios afirma sufrir ansiedad o depresión, frente al 22% de la población navarra. Asimismo, el 55,7% manifiesta padecer dolor o malestar físico, veinte puntos más que la media de Navarra. También registran mayores limitaciones para desarrollar actividades cotidianas, más problemas de movilidad y una peor percepción global de su estado de salud.

La diferencia resulta especialmente significativa en la valoración subjetiva de la salud. Mientras la población general puntúa su estado con una media de 88,1 sobre 100, los usuarios del Banco de Alimentos apenas alcanzan 73,5 puntos, "una distancia que refleja el impacto que la vulnerabilidad económica ejerce sobre el bienestar físico y emocional", han expuesto en la presentación del estudio.

Se trata del primer trabajo realizado en España que evalúa la calidad de vida relacionada con la salud de las personas usuarias de bancos de alimentos mediante el cuestionario internacional EQ-5D-5L, la misma herramienta utilizada por el Gobierno de Navarra para medir la salud de la población general, lo que ha permitido establecer una comparación directa y rigurosa, han explicado.

La investigación fue aprobada por el Comité de Ética de la Universidad Pública de Navarra y se desarrolló sobre una muestra aleatoria de 350 personas, seleccionadas entre las 2.749 familias beneficiarias del Banco de Alimentos de Navarra. El estudio alcanzó una elevada tasa de respuesta, del 87,9%.

El trabajo sitúa además estos datos en el contexto social de Navarra. Según indica, aunque la Comunidad foral mantiene una de las rentas per cápita más elevadas de España y ha experimentado una notable recuperación económica tras la pandemia, ese crecimiento no ha llegado por igual a toda la ciudadanía.

En 2025, ha detallado el BAN, la tasa AROPE situó en riesgo de pobreza o exclusión social al 16,5% de la población navarra, lo que equivale a más de 114.000 personas. Paralelamente, indicadores como el índice de Gini muestran que la desigualdad ha aumentado en los últimos años. El estudio recuerda además que disponer de un empleo ya no garantiza escapar de la pobreza, debido al incremento del coste de la vida, los bajos salarios y, especialmente, al elevado precio de la vivienda.

Los investigadores concluyen que la pobreza actúa como un determinante directo de la salud. La inseguridad alimentaria, las dificultades para acceder a una vivienda adecuada, la precariedad laboral y la imposibilidad de mantener hábitos saludables generan un deterioro físico y psicológico que termina reflejándose en indicadores objetivos de calidad de vida.

Por ello, consideran que reducir la pobreza y garantizar el acceso a una alimentación suficiente no constituye únicamente una política social, sino también una auténtica estrategia de salud pública.

La Fundación Banco de Alimentos de Navarra considera que los bancos de alimentos pueden desempeñar un papel cada vez más relevante como agentes de detección de situaciones de vulnerabilidad y como punto de conexión entre los servicios sociales y el sistema sanitario.

Los resultados de este trabajo respaldan además el impulso de nuevos proyectos de investigación que permitan evaluar el impacto que la ayuda alimentaria tiene sobre la salud y el bienestar de las personas beneficiarias, "contribuyendo al diseño de políticas públicas más eficaces para combatir las desigualdades", han indicado.