MADRID, 14 Mar. (EUROPA PRESS) -

El PSOE maneja datos internos que pronostican un empate técnico con el PP en las elecciones de Castilla y León de este domingo 15 de marzo, aunque el reparto de escaños dependerá de un puñado de votos y los restos en varias provincias en las que se presume un resultado muy ajustado.

Según el lado del que caiga el último escaño a repartir en distintas provincias el PSOE podría conseguir entre 29-30 parlamentarios en el mejor de los casos --ahora tienen 28-- o 26 en un escenario negativo, según varias fuentes del partido consultadas por Europa Press.

Hay "tres o cuatro escaños" bailando entre PSOE y PP o incluso Vox, que harán que la lectura sea totalmente distinta. O una nueva caída tras las debacles en Extremadura y Aragón o un resultado que les permita resistir en una comunidad históricamente complicada para el PSOE tras 40 años de Gobierno del PP.

Si consiguen mejorar el número de escaños que tienen actualmente, aunque sea levemente, será un buen resultado a ojos de Ferraz aunque hay voces en el partido que piden contención. A su juicio, solamente permitiría "salvar la honra" del partido y en ningún caso ven que les de posibilidad de gobernar ante el previsible ascenso de PP y Vox.

Aunque se cumpla el mejor de los escenarios que maneja el PSOE, reflexionan las citadas fuentes, el resultado no puede ser bueno si no les da opción de gobernar y piden evitar discursos triunfalistas como el de la Chunta Aragonesista de Jorge Pueyo en los comicios autonómicos del 8 de febrero; que celebró por todo lo alto conseguir 6 escaños aunque no pudo evitar la mayoría de PP y Vox.

Dentro del PSOE, algunos dan por hecho que los de Santiago Abascal superarán el umbral del 20% de voto y admiten que les roban voto en algunas zonas obreras y mineras, caladero habitual de los socialistas. Si Vox sube, hará daño al PP, pero si crece mucho, apuntan, también debilitará al PSOE.

En Ferraz llevan apreciando este escenario de empate técnico con el PP de Alfonso Fernández Mañueco desde el pasado otoño y desde entonces no ha cambiado sustancialmente. Los socialistas van por delante en algunos momentos y los populares en otros, pero sin grandes diferencias.

La campaña electoral, muy marcada por la guerra de Irán, tampoco ha provocado un vuelco en la intención de voto aunque los trackings indican una mayor movilización del votante socialista. También un ligero repunte de Vox a costa del PP.

El candidato socialista, Carlos Martínez, ha mejorado en conocimiento --aunque sigue por detrás de Mañueco-- y ha igualado al presidente en nivel de valoración, según los datos del cuartel general del PSOE.

El secretario general, Pedro Sánchez, ha centrado ahí sus mensajes de campaña. El pasado sábado en Soria --su primera actuación en un mitin tras los ataques de Estados Unidos e Israel que desencadenaron el conflicto-- se colocó delante de una gran bandera de España para defender el "patriotismo" del PSOE y del Gobierno con el "No a la guerra" frente al "servilismo" de PP y Vox ante Trump.

La idea que intenta trasladar a los votantes es que la guerra es mala para los trabajadores y traerá consecuencias económicas y el PSOE es el único que planta cara a esta situación que en nada beneficia a los españoles. Ratificó además que aprobará medidas y desplegará "todos los recursos del Estado" para proteger a los afectados.

En cuanto a la presencia en la campaña del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, después de su ausencia en las de Extremadura y Aragón, señalan que han ido sumando actos a su agenda porque los primeros fueron muy bien y Zapatero tenía ganas.

Es su tierra y tenía que estar en el cierre junto a Sánchez, por el carácter simbólico que refleja ver a "dos hombres de paz" uno que se opuso a la invasión de Irak promovida por George Bush en 2003 y el otro, que actúa como némesis de Trump contra la guerra en Irán.