MADRID, 28 Ene. (EUROPA PRESS) -La inversión privada productiva en España sigue por debajo de los niveles prepandemia a pesar del fuerte crecimiento económico, con beneficios empresariales al alza, la caída de los tipos de interés y el despliegue de los fondos europeos.
Así se desprende del último número de 'Cuadernos de Información Económica', publicación editada por Funcas, dedicado a "La debilidad de la inversión productiva", en la que se analiza por qué el actual ciclo expansivo no se ha traducido en un impulso inversor acorde con los desafíos de productividad, transformación tecnológica y competitividad a largo plazo.
El director de Coyuntura Económica de Funcas, Raymond Torres, ha constatado la languidez de la inversión productiva: entre los sectores institucionales, las empresas no financieras son las que menos han invertido en el último lustro, con una reducción de su formación bruta de capital fijo del 1,4% desde 2019, descontando la inflación.
Esta cifra contrasta con la inversión pública, que se incrementó casi un 50% durante el mismo periodo, siempre en términos reales, por el impulso de los fondos 'Next Generation', y con la evolución del PIB, que se sitúa ya un 10% por encima del nivel prepandemia.
Torres identifica la incertidumbre, tanto internacional como doméstica, como factor clave de este comportamiento, que se traduce en un sobreahorro empresarial y en una menor asunción de riesgos a largo plazo.
En su opinión, urge abordar las trabas que limitan el efecto tractor del programa 'Next Generation', aportando también seguridad jurídica, estabilidad institucional y diversificando los instrumentos de la financiación de la economía.
En otro artículo, el experto Antonio Cabrales analiza cómo la Inteligencia Artificial (IA) afecta al empleo. En su artículo explica que la IA no destruye empleo de forma masiva, pero sí reordena silenciosamente el mercado laboral, desplazando tareas, alterando trayectorias profesionales y, sobre todo, estrechando los puestos de entrada para los trabajadores jóvenes.
El riesgo, según ha advertido Cabrales, no es un paro tecnológico inmediato, sino una economía que incorpore la IA sin invertir lo suficiente en educación y recualificación, ampliando brechas y bloqueando la movilidad social. La tecnología, concluye el autor, puede elevar la productividad o cronificar las desigualdades: la diferencia la marca la inversión en capital humano.
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