MADRID, 31 Jul. (EDIZIONES/Portaltic) -Hay productos que nacen para cubrir una necesidad muy específica, pero terminan destacando precisamente por todo lo que son capaces de hacer más allá de ella. Eso es exactamente lo que ocurre con los Shokz OpenSwim Pro. Después de probarlos durante varias semanas, la conclusión es clara: son una de las propuestas más completas dentro del sector de los auriculares open-ear.
Están diseñados para quienes quieren escuchar música mientras nadan, un terreno en el que prácticamente no tienen rival, pero su verdadero valor está en que no se quedan ahí. También sirven para correr, montar en bicicleta, entrenar en el gimnasio, atender llamadas o conectarse a videollamadas de trabajo, convirtiéndose en un auténtico todoterreno para el día a día.
La gran diferencia frente a unos auriculares convencionales está en su combinación de conducción ósea, diseño abierto y certificación IP68. Esto permite utilizarlos sumergidos hasta dos metros durante un máximo de dos horas, manteniendo los oídos libres (para poder usar tapones en el agua, por ejemplo) y una gran comodidad incluso durante sesiones largas. Además, incorporan 32 GB de memoria interna para almacenar miles de canciones en formato MP3, precisamente porque las señales Bluetooth no pueden transmitirse correctamente bajo el agua y lo ideal es recurrir a esa biblioteca.
Sin embargo, uno de los aspectos que más nos ha sorprendido durante la prueba es que, aunque oficialmente el Bluetooth está pensado para utilizarse fuera del agua, en una piscina puede seguir siendo perfectamente válido siempre que no sumerjamos la cabeza de forma continuada. En esos momentos en los que estamos nadando a braza o crol, descansando entre series, caminando por el borde o realizando ejercicios con parte del cuerpo fuera del agua, resulta muy cómodo seguir escuchando un podcast directamente desde el móvil, evitando el proceso de descargarlo previamente y copiarlo a la memoria interna. No sustituye al modo MP3 cuando nadamos bajo el agua, pero sí aporta una flexibilidad muy interesante.
Precisamente esa versatilidad convierte al OpenSwim Pro en un producto único. Basta salir de la piscina para seguir utilizándolo exactamente igual que cualquier otro auricular deportivo premium gracias a su ergonomía y sus micrófonos con reducción de ruido. Todo ello manteniendo la filosofía open-ear, que permite seguir escuchando el entorno y aporta un extra de seguridad durante la práctica deportiva.
En términos de sonido conviene recordar que hablamos de unos auriculares de conducción ósea, por lo que la experiencia es diferente a la de unos in-ear tradicionales. El objetivo aquí no es ofrecer el grave más potente del mercado, sino encontrar un equilibrio entre comodidad, seguridad y calidad suficiente para disfrutar de música, podcasts o llamadas sin aislarse del exterior. En ese sentido cumplen exactamente con lo que prometen, y esa coherencia entre concepto y resultado es una de sus mayores virtudes.
Otro de los puntos fuertes es que apenas obligan a hacer concesiones frente a otros modelos de la marca. Disponen de Bluetooth 5.4, emparejamiento multipunto para dos dispositivos, hasta nueve horas de autonomía en modo Bluetooth -seis horas utilizando la memoria interna-, carga rápida capaz de proporcionar tres horas de reproducción con solo diez minutos de carga y un peso de apenas 27,5 gramos.
Y aquí aparece una reflexión interesante. Si ya estábamos pensando en comprar unos OpenRun Pro 2, la diferencia de precio es de apenas 29 euros (el precio de venta es de 229 euros). Por esa cantidad adicional, el salto al OpenSwim Pro resulta muy fácil de justificar. Se mantienen prácticamente todas las funciones que uno espera en unos auriculares deportivos de Shokz, pero además se añade una característica que puede abrir la puerta a un uso completamente nuevo: escuchar contenido también dentro del agua.
No obstante, no todo es perfecto. Si tuviéramos que señalar un aspecto claramente mejorable sería el sistema de carga. Shokz utiliza un cable magnético propietario de cuatro pines, una solución que probablemente responde a las exigencias de estanqueidad de un dispositivo diseñado para funcionar bajo el agua. El inconveniente es evidente: si perdemos ese cable será difícil sustituirlo de forma inmediata, ya que no podremos recurrir a cualquier USB-C que tengamos por casa. No es un problema grave, pero sí un detalle que conviene tener presente.
Después de varias semanas de uso, la conclusión es clara. Los OpenSwim Pro no son unos auriculares para nadadores y punto. Son unos auriculares deportivos muy completos que, además, ofrecen una función que muy pocos competidores pueden igualar. Esa combinación los convierte en una compra especialmente recomendable para quienes entrenan tanto dentro como fuera del agua y no quieren tener varios dispositivos distintos para cada situación.
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